Según el Ministerio de Medio Ambiente, en Colombia se generan 9.4 millones de toneladas al año de residuos sólidos, de los cuales 1.7 millones de toneladas entran en reciclaje.

Entre estos residuos sólidos se encuentran los plásticos, cuyo proceso de reciclaje es complejo debido a las clasificaciones que requiere y las necesidades de limpieza en su transformación.

En el mundo, alrededor de 8 millones de toneladas de plástico son vertidas en los océanos cada año, reiterando con estas cifras la gravedad del problema que hoy enfrentamos como humanidad y como sociedad. 

El uso de este material nos ha traído innumerables beneficios en sectores como la medicina o el transporte, entre otros. Sin embargo, es el plástico de un solo uso el que nos ha conducido a esta crisis medio ambiental a la cual debemos desafiar con nuestras acciones diarias, desde nuestros hogares y con nuestras pequeñas grandes decisiones. 

Las 3 erres para el cambio

Uno de los primeros pasos que debemos tomar en pro del planeta es la consciencia sobre el destino final de nuestros residuos, porque depende de nosotros, en gran medida, ser parte de la solución.

Las tres erres es una propuesta de hábitos de consumo que nos ayuda con esta responsabilidad común hacia nuestro medio ambiente, construyendo una sociedad orientada hacia el reciclaje. Las tres erres o 3R se refieren a reducir, reutilizar y reciclar. 

La primera erre hace alusión a evitar como consumidores todo aquello que genere un desperdicio innecesario, la segunda erre –de reutilizar– nos incentiva a aprovechar los residuos para fabricar otras cosas o darles otros usos. Finalmente, la tercera erre nos invita a recoger y tratar los desechos para obtener nuevos productos. Y en esta tercera erre llega un mundo de posibilidades de transformación de materias primas en nuevas elaboraciones listas para tener una segunda vida y más. 

Es así como nuestras decisiones se convierten en actos concretos de cuidado y consciencia. Es así, como nuestras elecciones se transforman en una botella de plástico menos en el océano o un ahorro de energía directo: por ejemplo, con el reciclaje de una sola botella de plástico, se ahorra la energía para mantener un bombillo encendido durante seis horas.

También, por cada dos toneladas de plástico recicladas, se ahorra una tonelada de petróleo, gran cantidad de agua y se reducen los gases de efecto invernadero y los desechos generados durante este proceso.

Una responsabilidad compartida

El gran aporte diario que podemos brindarle al planeta está en nuestros hábitos y, sobre todo, en comprender el poder que tenemos con las elecciones de consumo que realizamos. Habría que decir también, que el poder de compra conlleva una responsabilidad que cuando menos debe estar basada en el cuestionamiento antes de comprar un producto: ¿Lo necesito? ¿Este producto fue elaborado de manera sustentable? ¿Cuál es su vida útil? 

Si no sabemos cómo manejar la basura que generamos, no podremos tampoco ser conscientes del efecto negativo que tienen estos residuos en el medio ambiente, ni ser parte de los actos concretos que requerimos para construir un camino hacia la economía verde.

Las posibilidades que nos ofrece el reciclaje en términos medioambientales y por ende en beneficios directos a nosotros mismos, son invaluables. Porque prácticamente todo lo que tenemos en nuestros alrededores es material potencial para ser reciclado.

Aportando así a la conservación de los ecosistemas y dando el paso hacia la sustentabilidad de la que hablamos hoy en día. Esa sustentabilidad cuyo principal objetivo es garantizar a las generaciones futuras los recursos necesarios para su subsistencia.

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